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"Los videojuegos estimulan el cerebro como lo hacen los libros"

El periodista Nick Bilton analiza en el libro 'Vivo en el futuro y esto es lo que veo' los cambios de estilo de vida que introducirán las tecnologías

ROSA JIMÉNEZ CANO Madrid 17 NOV 2011 - 11:16 CET

Nick Bilton, responsable de la sección de Tecnología del The New York Times y profesor universitario, no siempre fue redactor del diario. Antes estuvo a cargo del departamento de desarrollo de nuevos formatos y narrativas. Su despacho está entre el desguace y el museode lectores de libros electrónicos. Todos los probó en el departamento de usabilidad de la Dama Gris hasta que dieron con la forma correcta. En su libro Vivo en el futuro y esto es lo que veo (Gestión 2000, Planeta, 2011) cada capítulo incluye un código bidi, al hacer una foto con el móvil a esta combinación de cuadraditos en blanco y negro se accede directamente a una página donde otros lectores han aportado comentarios.

Bilton no parece tener miedo a decir lo que piensa. "Los medios tenemos que ser muy cuidadosos con las cosas por las que cobramos, pero tener muy claro que en el mundo digital las experiencias son plenas y combinadas. La revolución de iTunes fue comprar una sola canción con un clic en cuestión de segundos". "La clave es saber dónde está el valor, en qué parte de nuestro trabajo. The New York Times es una marca con más de 100 años de historia, pero Politico nació como un blog hace cinco años, eso no evita que sea fiable. Cualquiera puede empezar algo pequeño y alimentarlo hasta que crece y compite con los grandes, por eso hay que esforzarse", explica.

Bilton no fue un gran estudiante universitario, de hecho, en sus conferencias, suele mostrar sus notas. Ahora es profesor en NYU, la Universidad de Nueva York, donde imparte la asignatura 1, 2, 10. Estas medidas se refieren a la distancia de la vista en pies (30 centímetros) en que se usan los móviles y lectores electrónicos, la pantalla del ordenador y la televisión de casa. Como experto en usabilidad trata de encontrar el lenguaje apropiado y la convergencia en la Red de cada una de estas pantallas.

Su postura con respecto a la educación universitaria resulta algo inusual: "Me parece una convención, pero no una necesidad como tal. Por supuesto que es necesario tener un conocimiento profundo, pero también es necesario aprender constantemente. Ya no se trata tanto de pasar por la Universidad, si no de tener la capacidad de estar en aprendizaje continuo. Mark Zuckerberg, Bill Gates, Jobs, muchos emprendedores... No sé, mucha gente va a la Universidad con una meta inicial y termina haciendo otras muy distintas".

En su libro relata que parte de sus dificultades con la enseñanza al uso tienen que ver con la gestión de la atención. "Entiendo que los alumnos están acostumbrados a hacer varias cosas, el chat, la tele, los deberes, Facebook... así que como profesor intento hacer que hagamos tareas colectivas, yendo de la mano, pero sin restricciones. Les enseño herramientas y creatividad, intentando que los usuarios se enganchen al contenido que hacemos".

¿Puede que Twitter tenga algo de culpa en esa falta de atención? "Twitter cambia la forma de consumir medios". El autor relata cómo una de las cosas que más le llamó la atención en la investigación para el libro fue que el cerebro puede adaptarse a varias tareas al mismo tiempo. "Cuando llegó el tren parecía el final del mundo. Cuando salió el teléfono hubo un artículo en el New York Times, en primera, relatando que este invento destrozaría la sociedad y nunca más se saldría de casa. Ahí estamos, yendo a conciertos con miles de personas".

Su posición es radicalmente opuesta a la de otro autor Nicholas G. Carr con su libro: Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?. Este último considera que las nuevas tecnologías están destruyendo la experiencia de lectura y el gusto por la inmersión en un texto. "Me parece una cuestión de elección. Es como vivir en el campo o en la ciudad. No creo que una decisión sea peor que la otra, pero insisto en que el cerebro se adapta a hacer varias cosas. Y los cerebros de hoy no han cambiado con respecto a los de hace 200 años".

¿Qué tiene que decir del artículo de este mismo autor dónde sostiene que Google nos está haciendo estúpidos? "Hace unos años me decían un teléfono y me lo aprendía de inmediato. Hoy, solo me sécinco número de memoria. Ya no lo necesito. Tener acceso más fácil a la información no nos hace estúpidos, desde luego, y eso es lo que nos da Google, facilidad para acceder a lo que buscamos sin necesidad de memorizarlo".

Dentro de esta misma línea también cree apropiado que los periodistas tengan nociones de programación: "No digo que vayan a la Universidad para aprenderlo, ni que todos tengan que saber. Yo no soy el mejor programador del mundo, pero me manejo. Creo que se tienen que aprender usándolo como se hace con los idiomas. Al fin y al cabo, son un lenguaje más. Para algunas historias sí lo considero interesante".

Para entenderlo, lo mejor es un ejemplo de reportaje que tiene en mente. Bilton quiere mostrar qué empresas tecnológicas son las más atractivas para trabajar. Va a tomar el código para desarrollo de aplicaciones de LinkedIn y así poder saber si alguien deja IBM para ir a Apple, si un ingeniero de Google ficha por Facebook o si prefieren montar su propia empresa y poder sacar tanto datos detallados como porcentajes y tendencias más generales.

Cuando sale del trabajo una de las formas de recreo favorita de Bilton son los videojuegos. Un capítulo del libro está consagrado a al entretenimiento electrónico, lo titula Cuando los cirujanos juegan con videojuegos. En el mismo explica como el desarrollo de habilidades adquiridas a través del juego sirven después en diferentes campos laborales y en el aprendizaje en edades más tempranas. Para este tecnólogo, el juego no es algo baladí. Hasta finales de junio de este año, en Estados Unidos, los videojuegos estaban sujetos a una ley que prohibía cierto tipo de violencia. La norma, heredada del mundo del cómic, en opinión de Bilton, no tiene mucho sentido: "No es que se tenga miedo a la tecnología, es que se cree que los ciudadanos no saben pensar y entender la diferencia entre realidad y ficción. La tecnología es parte del progreso, pero en este caso hace de soporte. Los videojuegos estimulan el cerebro de los jóvenes como lo hacen los libros".

La combinación de teléfonos con GPS y conexión a redes sociales ha permitido que en Facebook, FourSquare o Twitter se pueda incluir el lugar en que se está y tener noticias adaptadas al entorno o información sobre comercios próximos. En este aspecto Bilton es especialmente cuidadoso: "Soy el Nicholas Carr de la privacidad. Te paras a pensar y en Estados Unidos no hay una legislación clara al respecto. Apple estuvo recopilando datos de posicionamiento sin consentimiento durante más de un año. Facebook quiere saber dónde estamos, pero no por placer sino para poner anuncios". El denominado 'derecho al olvido', del que todavía no se ha creado una norma, también forma parte de esta preocupación: "Si alguien tiene un problema de joven, se mete en un lío o lo que sea, no es justo que después no pueda aspirar a un trabajo porque salga en el archivo policial. Todos tenemos derecho a empezar de nuevo. Sin embargo, todo está grabado y accesible. Por no hablar de que no quiero que mi casa aparezca en Google Maps".

¿Estamos preparados para el futuro que propone Bilton, en un mundo en constante conexión en el los sensores y la monitorización de datos serán norma? "No, no creo que lo estemos. Nadie lo está, todo va muy rápido. El iPhone tiene poco más de tres años y ya hay millones de terminales con miles y miles de aplicaciones. Facebook y Twitter no existían hace unos años y han cambiado la sociedad. Podemos fiarnos de algunos modelos de comportamiento para saber tendencias y predecir escenarios". Puestos a vaticinar, el escritor imagina que en las casas tendremos impresoras en tres dimensiones para hacer desde ceniceros a objetos de uso común en el hogar.

Este viernes, Nick Bilton, impartirá una conferencia en el CaixaForum de Madrid dentro del ciclo La creación del mundo.

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