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Feria CES Las Vegas

Steve Ballmer: "Para Microsoft nada es más importante que Windows"

El fabricante se despide de CES apostando por Windows 8, Kinect y los nuevos Nokia

A pesar de los rumores sobre posibles grandes anuncios, hasta se especulaba con una nueva consola Xbox, Steve Ballmer, patrón de Microsoft, se despidió del CES sin grandes anuncios. Después de 14 años abriendo el evento más importante de tecnología de consumo, el gigante de Redmond considera que ya no le interesa. No tanto por su relevancia como por lo que significa tener que cuadrar los lanzamientos y anuncios con una fecha fija. Microsoft quiere, como siempre ha hecho Apple, gestionar su propia agenda, funcionar al margen de las ferias.

Esto no significa que echen el freno, sino que en lo sucesivo prefieren ser ellos los que crean un evento en el que su producto sea el foco y no uno más entre miles y miles. Que se despida no quiere decir que se pierda el sentido del humor. Ballmer comenzó con un vídeo recopilación de las apariciones de la casa cuajado de momentos cómicos.

La conferencia, para la que hubo una espera de más de una hora, giró sobre cuatro pilares: Windows 8, las aplicaciones, Windows Phone 7 y Kinect. Este año Windows, el sistema operativo más usado, estrenará versión. Será compatible con ordenadores y tabletas. Ballmer dejó claras dos cosas: "Para Microsoft nada es más importante que Windows", por un lado. Por otro, que será más compatible que nunca. Desde su salida al mercado los ordenadores que hoy funcionan con Windows 7 se podrán poner al día.

Esta facilidad de actualización encaja con otra de las tendencias que confirma el gigante de Redmond. La caja con software en su interior tiene los días contados. En febrero lanzarán la Windows Store, su tienda de software online.

Windows 8 será compatible con tabletas y ordenadores. Al igual que Intel por la mañana, los ultrabooks son la estrella en esta categoría. Ballmer vaticina larga vida al portátil, pero con algunos cambios. Cambia la forma de interactuar con ellos. Las otras dos bases de su charla evidencian esta nueva manera de entenderlo. Tanto Windows Phone 7 como Xbox con Kinect cambian la interfaz del usuario conocida en teléfonos y la relación entre humanos y máquinas en el caso de la consola.

Resulta muy curioso que antes de su propia charla, Ballmer fuera el invitado especial de la presentación de Nokia. Sin duda es su compañero de viaje favorito. Si no, no se explica que Ballmer solo citase a este fabricante durante su conferencia y no lo hizo de pasada, dio detalles sobre nuevos terminales y fechas de lanzamiento. Nokia Lumia 900 será el tercer móvil de la firma europea con el sistema operativo de Microsoft.

Xbox, la consola lanzada hace diez años, para sorpresa de muchos, ya es líder de ventas en Estados Unidos. La máquina ha sabido ganarse el favor de los jugadores más entusiastas con títulos como Halo y la saga de Gears of War pero también hacerse con un hueco en el sofá gracias a su acceso a diferentes contenidos. En esa misma línea Ballmer anunció una serie de compañías de colaboración preferente en el futuro de la consola. Fox será la primera en estrenar aplicaciones de contenido multimedia. El deseo de la integración total entre aparatos de la casa comienza a tomar forma al permitir el uso de los teléfonos Windows como mando a distancia de la consola. El sueño de que el software convierta un aparato en muchos otros, después de tantos años, es cada vez más una realidad.

El último anuncio de la noche tiene que ver con la voz y el cuerpo, con el movimiento, con convertir al sujeto en mando. Kinect, el sensor pensado para Xbox 360, se abre a los desarrolladores. Es el primer paso para su llegada al ordenador. Entre los diferentes usos que se mostraron no solo estaba el entretenimiento con Barrio Sésamo, un icono intergeneracional en Estados Unidos, sino también su futuro en el campo de la educación, la ciencia y la medicina.

Ballmer dijo sus últimas palabras en CES, como un credo, a gritos, dirigiéndose a sus fieles: "Windows, Windows, Windows". Eso sí, se siguió una de las máximas del CES, nunca decir el precio.