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ENTREVISTA

Roger Schank: “Las mates no sirven para nada”

El gurú de la inteligencia artificial critica los métodos de enseñanza por obsoletos, pese a la incorporación de Internet

Roger Schank.
Roger Schank.

Más que por ser un gurú de la Inteligencia Artificial con experiencia como profesor en Stanford y Yale, Roger Schank (Estados Unidos, 1946) es célebre por su ojeriza al sistema educativo. Firme defensor del "cierre de todas las escuelas", opina que asignaturas tradicionales como las matemáticas o el latín “no sirven para nada”. Aboga por una educación pragmática en la que se prime la experiencia directa antes que la teoría.

La semana pasada se pasó por el campus barcelonés de La Salle para ultimar los masters Open University que coordina: un nuevo giro de tuerca a los cursos que ya implantó hace dos años en esta universidad y en los que la experiencia online lo abarcará todo. “Los chavales de mi país se gastan millonadas en carreras de cinco años que no les enseñan nada. Yo no quiero que te aprendas la historia de las finanzas, sino enseñarte a leer un balance.

Schank no se lleva muy bien con el elitismo de las instituciones estadounidenses en las que ha trabajado. Cuando la universidad Carnegie Mellon inauguró en 2002 su campus de Silicon Valley, él era el máximo responsable del programa educativo. Hoy, el dato está omitido en la página institucional de la universidad. También en Wikipedia. “Como nuestro programa se basaba exclusivamente en la metodología del aprender haciendo, empezaron a llamar padres de otros campus preguntando por qué no se estaba aplicando este tipo de enseñanza con sus hijos.

A los responsables de la Carnegie les dejó de hacer gracia mi método”. Convencido de que las 2.500 universidades de EE UU se limitan a copiar un programa educativo diseñado sólo para “listillos”, critica la existencia de demasiados profesores acomodados que “enseñan aquello que han leído y memorizado pero que no han puesto en práctica”.

Los profesores enseñan aquello que han leído y memorizado pero que no han puesto en práctica

En su última entrevista con este periódico, Schank calificó de “basura” el e-learning. Dos años después, asegura que la tecnología ha empeorado un problema que, en su opinión, se inició en 1996: “Con la aparición de Internet la comunidad educativa se volvió loca subiendo contenidos a la Red. Tiene la misma basura que antes pero sin un profesor al lado”.

La Salle ha invertido cuatro millones de euros en los masters. Se impartirá desarrollo e ingeniería de software y comercio electrónico durante dos años a 15.000 euros la plaza. No habrá aula y el entorno educativo se desarrollará en un portal. Entonces, ¿Qué los diferencia de la basura? No habrá nada parecido a un manual, dice. Los alumnos trabajarán en grupos en los que se simularán situaciones reales como la elaboración de una web para un viticultor, que será un actor que se comunicará por vídeo. “Puede que un alumno reciba un correo de una cadena de televisión pidiéndole que diseñe una web para su programación de fútbol. Habrá un profesor disponible por correo, teléfono y Skype que, en lugar de ofrecer respuestas, “les hará nuevas preguntas”.

A lo largo de su carrera profesional, Schank ha demostrado entusiasmo por la educación a través de vídeos por su naturaleza “crítica y directa”. Ahora desarrolla con el Departamento de Defensa de EE UU una herramienta que, de ser exitosa, “estará en el iPad de cada soldado desplazado a una zona de combate”: consiste en una lista interminable de vídeos en primera persona para que “cuando tenga que tomar una decisión, la máquina le diga qué hay que hacer y cómo”. Mediante un buscador, se accede a grabaciones con títulos tipo “¿Qué hacer en tu primer día de mudanza a un barrio local de Irak?” en los que un soldado cuenta su experiencia. El sistema, similar al implantado en La Salle, cumple punto por punto los preceptos del Storytelling que da título al libro donde el escritor Christian Salmon describe el uso del relato como herramienta de persuasión en la política y el marketing.

Si el futuro es una pantalla, ¿qué va a pasar con el contacto humano?. Schank ríe. Asegura conocer bien a las generaciones venideras; a esos chavales que tiene por vecinos con los que se cruza en el ascensor y a los que jamás ha visto levantar la mirada de sus teléfonos. En mi época “el profesor era el enemigo, no me hables de contacto humano”.