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“Nuestra privacidad se ha terminado y es casi imposible recuperarla”

Leonard Kleinrock gana el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento

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Leonard Kleinroc, uno de los padres fundadores de Internet. FBBVA

El lado oscuro de Internet. No es metáfora periodística, sino cómo define uno de los padres de la red, el ingeniero estadounidense Leonard Kleinroc, la cara más amarga de la globalización digital que vivimos. El ataque de ayer a las redes sociales del Comando Central de Estados Unidos o la ciberguerra entre Estados Unidos y Corea del Norte son dos de los últimos ejemplos de una tendencia creciente: "Muestran ese lado oscuro de Internet que ha emergido últimamente y que crecerá en el futuro".

La felicidad por haber ganado hoy el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento —que considera "un galardón a todos los pioneros que contribuyeron a la creación de Internet"— no es óbice para que hable sobre los nubarrones en la era digital sin tapujos. Especialmente en si esa esfera privada que creemos tener existe ya: "En su mayor parte, nuestra privacidad se ha terminado y es casi imposible recuperarla", sentencia Kleinroc. Es más, cree que los culpables en realidad somos todos: "La dimos voluntariamente, al menos en pequeñas fracciones, a lo largo del camino". Kleinroc cree además que la gente es "inconsciente de hasta que punto organizaciones y grupos de individuos explotan sus datos para sus intereses".

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Leonard Kleinroc y otros de los pioneros que consiguieron crear la primera comunicación remota entre ordenadores el 29 de octubre de 1969. FBBVA

Otra de las sombras sobre esa red que le debe parcialmente su paternidad es la ciberguerra. El robo de datos de una gran empresa como Sony y el cruce de sables y amenazas posterior entre Estados Unidos y Corea del Norte. Kleinroc tampoco es optimista en cómo se presenta el panorama a medio y largo plazo. "Continuará [la ciberguerra]. El ataque de ayer [a las redes sociales del Centro de Defensa de Estados Unidos] es un síntoma de una tendencia creciente: el uso de Internet por intereses políticos y de grupos de individuos. Y esto es muy inquietante".

Aún así, este profesor distinguido de la Universidad de California de Los Ángeles piensa que la informática se encuentra barajando una solución prometedora, aunque se encuentre en sus primeros balbuceos de su investigación: "Encriptación homomórfica. Con suerte, permitirá que los datos y los programas permanezcan encriptados mientras son procesados. Así, cuando los datos sean transmitidos o los programas ejecutados, no será posible piratearlos".

Ha pasado casi medio siglo desde ese 29 de octubre en el que el futuro de la red se atisbó. El trabajo de Kleinroc, la teoría matemática de colas que empleó para fragmentar los mensajes y enviarlos por todos los canales posibles de información, fue clave en el hito de aquel día: que dos ordenadores separados por casi 570 kilómetros —los que median entre la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y en el Stanford Research Institute (SRI)— se pasaran una palabra: login (iniciar sesión). Al primer intento solo se mandaron la "i" y la "o". Poco después, la tarea se completaba. De ahí al Internet de los Facebook, Twitter o Amazon 46 años después. "Con este proyecto predecía una red que siempre estaría disponible, siempre encendida, permitiría a cualquier persona de cualquier lugar conectarse con cualquier dispositivo y que acabaría siendo invisible. Lo que no predije fue que mi madre de 99 años estaría en Internet. Me perdí el social de la red. Pensaba que Internet permitiría la comunicación entre ordenadores y el ordenador y las personas. Pero no me esperaba la comunicación entre las personas, que se ha convertido en el uso principal de Internet. Ha sido una sorpresa maravillosa".

Mi predicción es el sistema nervioso ubicuo y global . Es decir, Internet en todas partes".

Precisamente en la gente es donde ve Kleinroc los claros de luz entre los nubarrones de la red. En ellos y en su relación con lo que ha venido en llamarse "el Internet de las cosas"; es decir, la revolución que prometen los objetos inteligentes en nuestra vida diaria, la gestión de nuestra energía, la salud o la seguridad. "Hoy Internet está encerrada tras el monitor de tu ordenador. Pero ahora estamos viendo un considerable progreso en sacarlo de la pantalla e integrarlo en nuestro mundo físico. Estaré en nuestras paredes, en nuestras oficinas, en nuestros móviles, en nuestras uñas. Internet acabará desapareciendo en nuestra infraestructura y esto permitirá un acceso natural allí donde vayamos. Mi predicción es lo que me gusta llamar el sistema nervioso ubicuo y global. Es decir, Internet en todas partes".