NICK MATHEWSON | Cofundador de la red Tor

“Hay que lograr que Internet deje de ser un medio de vigilancia masiva”

El experto en seguridad defiende que la privacidad en la red es un derecho de la ciudadanía

Un total de 2,5 millones de internautas usan este sistema

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Nick Mathewson, cofundador de la red Tor que protege el anonimato 'online'. Tor

La idea surgió al filo del siglo XXI. “No sé si fue 1999 o 2000. Pero recuerdo que nos hicimos esta pregunta: ¿tiene sentido crear una Internet privada, con todos los problemas técnicos que lleva asociado, o es mejor esperar a que la investigación esté más madura?”. La respuesta, tal y como recuerda Nick Mathewson, fue un rotundo sí. Él y Roger Dingledine, dos informáticos que trabajaban para el gobierno de Estados Unidos, decidieron que había que ponerse manos a la obra para lograr una tarea titánica: que cualquiera pudiera navegar en Internet de manera anónima. El nombre con el que bautizaron su propuesta: The Tor Project. Su símbolo, una cebolla, las capas y capas que deben proteger la privacidad de los internautas.

Ha pasado casi una década desde aquel diciembre de 2006 en el que Mathewson, Dingledine y otros cinco compañeros decidieran tomar la investigación que habían iniciado para el ejército naval de Estados Unidos y transformarla en un proyecto gratuito y abierto que usan más de 2,5 millones de internautas al día. Y, para el co-fundador de Tor, nacido en New Haven (Connecticut, EE UU) en 1977, las convicciones para dedicar su energía a este proyecto se han reforzado: “Creo que tenemos que movernos hacia un mundo en que hablar de seguridad en Internet sea menos común. Porque será algo asumido. Hay que lograr que Internet deje de ser un medio de vigilancia masiva".

Creo que tenemos que movernos hacia un mundo en que hablar de seguridad en Internet sea menos común"

Tor anonimiza al internauta que lo usa mediante una red de voluntarios, con una técnica similar a su símbolo, la cebolla. Dos ordenadores se van a mandar un mensaje. Entre ellos, hay una red de otras computadoras. El ordenador que emite el mensaje manda la cebolla entera, un paquete de datos cifrado con múltiples capas de códigos. Cada nueva computadora arranca una de esas capas, desencriptando el código. La clave es que cada ordenador intermediario no conoce si la computadora que le manda el mensaje es un intermediario como ella o es la fuente original, preservando el anonimato del emisor.

“Digamos que entras por un navegador convencional en el ordenador de una biblioteca. Aunque el mensaje esté encriptado, tu ubicación y qué estás ocultando permanece visible. Así que pueden saber que investigas sobre una enfermedad en concreto o a qué tipo de partido político sigues. Con los nodos intermediarios, evitas este rastreo. El primer servidor sabe quién eres, pero no con quién quieres conectar. Y el último sabe con quién quieres conectar pero no quién eres”, explica Mathewson. Esta infraestructura se mantiene gracias al mecenazgo de compañías como Google y organizaciones e instituciones como Human Rights Watch o la Universidad de Cambridge, además de las donaciones que quieran hacer los internautas. Pero usarlo es (y seguirá siendo en el futuro, según su cofundador) completamente gratuito.

La gente que cree que la privacidad ha terminado está equivocada de raíz”

Hay sombras también en proporcionar un servicio de ocultamiento gratuito. Mathewson lo llama “el filo de toda tecnología”. Pero en el caso de Tor permite que delincuentes informáticos tengan una cortina de humo desde la que realizar ramsonware —el secuestro exprés de datos del que España sufrió la semana pasada un ataque con un mail que imitaba a Correos— o encubrir contenido ilegal de todo tipo, como drogas, virus informáticos o pornografía infantil. “Me apena muchísimo que usen mi tecnología para delinquir. Pero creo que eliminarla no arreglaría nada. Los que quieren romper la privacidad tienen muchas maneras aparte de Tor para hacerlo. Si elimináramos redes como la nuestra, lo que conseguiríamos es que fuera el ciudadano medio el que se quedara sin privacidad”. El Parlamento Británico publicó recientemente un informe en el que afirma que, a pesar de los riesgos y la necesaria lucha contra el crimen, "no sería aceptable" prohibir el uso de estos sistemas. 

El futuro de Tor está asegurado para su fundador: “En 10 o 20 años, sé que Tor va a funcionar de forma muy diferente de cómo funciona hasta ahora. Va a proporcionar mejor privacidad, va a ser más potente y vamos a mejorar cómo romper los muros de los países que censuran Internet. Nuestra arquitectura tiene que permitir que sea cada vez más fácil construir herramientas para saltarse esta censura. También queremos potenciar una rama de programas que ayuden a proteger las gestiones por Internet para los negocios que maneja un ciudadano medio”. Lo que no quiere, bajo ningún concepto, es fijar cuál tiene que ser el objetivo ideológico de la comunidad: “Soy el fundador, pero nuestra red es tan amplia y variopinta en culturas y opiniones que no puede considerarse lo que diga como oficial en ningún sentido. Trabajar en este proyecto me ha hecho conocer a gente de lugares que nunca hubiera pensado conocer. Creo que uno de los mejores aspectos de Tor es que demuestra una cosa: puedes odiar el partido político que otro adora, puedes tener una fe religiosa diferente, pero en lo que estás de acuerdo con la otra persona es que todos merecemos ser anónimos en Internet”. Y sentencia: “La gente que cree que la privacidad ha terminado está equivocada de raíz”.

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