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'software'

Slack, otra forma de comunicarse

El creador de la herramienta de moda que quiere rebajar la cantidad de correos en las empresas ha creado un fenómeno social

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Stewart Butterfield (a la derecha), creador de Slack, en el encuentro Vision 2020.

Slack, algo así como “flojo” o “vago” en español, nació en agosto de 2013 con un lema: “Para estar menos ocupado”. Su misión era que la pila de correo bajase. Como tantos grandes inventos, llegó por accidente. Stewart Butterfield, uno de los fundadores de Flickr, el gran almacén de fotografías on line, quería poner un poco de orden en su nuevo proyecto y terminó revolucionando las comunicaciones corporativas. Slack no es un chat, tampoco un almacén de archivos, ni un calendario. Tampoco se puede definir como un sistema de alertas, pero suma todas esas opciones en un solo hilo de conversación. Airbnb, HBO, NASA, Buzzfeed y casi cualquier start up de Silicon Valley, usan esta herramienta para organizarse internamente.

La aplicación de mayor crecimiento después del fenómeno WhatsApp pretende llegar a todas las empresas. Cuentan con 1,7 millones de usuarios activos diarios. Cuando se abrieron al público, en febrero de 2014, contaban solo con 16.000. Desde entonces, más 300.000 perfiles pagan por su uso. El número de empresas y organizaciones dadas de alta supera las 60.000. Lo más llamativo es el tiempo que se pasa dentro, de media, más de dos horas y cuarto. “El valor que aportamos es transparencia. Los negocios hacen que los jefes hablen con los empleados. Hace más claro el foco de las empresas”, defiende su creador.

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Portada de la web de Slack, la aplicación de colaboración entre equipo de trabajo.

Butterfield, licenciado en Filosofía con un máster en psicología cognitiva, decidió compartir lo que había creado para un grupo de trabajo repartido entre San Francisco, Nueva York y Vancouver (Canadá). Estaban trabajando en un videojuego en la empresa Glitch, y terminaron por hacer que el correo electrónico parezca algo propio del pasado.

En 2014, Techcrunch los reconoció como la revelación del año y mejor aplicación de trabajo. Su valoración alcanza los 2.800 millones de dólares. Van por la cuarta ronda de financiación, en total han conseguido 340 millones de dólares de inversión.

En dos años han llegado a 300 empleados, una cifra que no quieren que crezca en el futuro más próximo. “Me obsesiona mantener el buen ambiente, evitar el politiqueo. Elegir bien los perfiles”, argumenta.

Butterfield, con una trayectoria alejada del perfil habitual de Silicon Valley, está obsesionado con cambiar las organizaciones empresariales: “Hace cuatro años comencé a pensar en ello. Nosotros rompemos el sistema tradicional de reuniones. Se está en contacto de una manera más real. Los de marketing pueden ver dónde tienen problemas los de ventas. Algo que parece lógico no era tan sencillo”.

La aplicación de mayor crecimiento después del fenómeno WhatsApp pretende llegar a todas las empresas

Otra ventaja es tener la información más mano: “El email es cada vez más difícil de gobernar. Casi nadie lo tiene nunca a cero. Con Slack es más sencillo estar al día de un vistazo. Cada cual entiende mejor qué se espera de uno y el tiempo habitual de respuesta de mensajes baja muchísimo”.

¿Sabe que en San Francisco se usa también entornos educativos? “Somos el estándar de las start-ups. No me extraña que se use en educación, porque rompemos estereotipos, ya no hace falta estar juntos, pero sí tener un vínculo humano. Se maneja mucho mejor qué hace cada cual, se conoce más la personalidad de cada pieza de ła empresa. No es casualidad que hayamos incluido emoticonos”, insiste.

Slack ya tiene su propia etiqueta, se habla de ellos como la “consumerización de la empresa”, han conseguido hacer que el trabajo se acerque más a las aplicaciones uso personal. Tener la empresa en el móvil.

Butterfield sabe que para el viejo mundo de las aplicaciones de trabajo son una amenaza que tener en cuenta: “No es que haya más elección, es que son los empleados los que lo piden en las empresas. Hace 20 años casi todas las empresas usaban software de Microsoft. Ahora, incluso en nuestra empresa Slack, tenemos diferentes proveedores: de gestión, gastos, formularios… El mundo ha cambiado”.

Butterfield reconoce que el correo era su primera meta, pero piensa ir mucho más allá: “Cuando lanzamos pensábamos más en acabar con el correo, ahora pensamos en comunicarnos mejor y más rápido. No es casual que incluyamos emoticonos, queremos hacer la experiencia más humana”.

A la vez, su irrupción ha generado una contradicción. El hecho de funcionar en navegador y aplicaciones móviles y su tono cercano hace que la barrera entre el tiempo que se dedica al trabajo y al ocio se diluya: “Es cierto. Se pasa más tiempo en Slack que en el email, pero cambia la actitud. El acceso a información es mayor. Se encuentra todo más rápido y la experiencia es más positiva”.

Su actitud ante la competencia denota una inusitada confianza en sí mismo: “¿Y si otro os come? Para nosotros es una gran aventura. Nos importa la reputación. Nos hemos multiplicado por cuatro en este año. Queremos ser la aplicación que concentre a todas las demás”.