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INTEL

Muere Andy Grove, el cofundador de Intel que profesionalizó Silicon Valley

Marcado por la persecución nazi, llevó a su empresa al liderazgo mundial en procesadores

Andy Grove en una imagen de 2004. AP

Andrew Grove, cuyo nombre original era Andras Grof, (Budapest, 1936-San Francisco, 21 de marzo de 2016), era conocido por ser el ejecutivo que profesionalizó Silicon Valley. A pesar de su avanzada edad, en el momento de su muerte, cuyas causas no se han desvelado, todavía formaba parte del consejo de dirección de Intel, la empresa en la que desarrolló casi toda su carrera. Tras licenciarse en Químicas en Nueva York, comenzó a trabajar en las primeras empresas que hacían procesadores. Ya doctorado en Berkeley, decidió quedarse en la bahía de San Francisco.

Grove formó junto con Robert Noyce y Gordon Moore la tríada de Silicon Valley, los tres fundadores de Intel que sembraron las bases para que la industria de los chips se estableciese en la zona y prosperase. El 18 de julio de 1968 estrenaron Integrated Electronics en Santa Clara, popularmente conocida como Intel, hoy líder mundial en fabricación de procesadores. Histórico director de operaciones, Grove llegó a la cima de la empresa en 1987, donde se mantuvo hasta 1998. La hegemonía comercial de su firma era ya incontestable.

Marcado por su infancia en Hungría como judío perseguido, nunca se relajó. Durante la ocupación nazi, su familia se escondió en casa de unos amigos con una identidad falsa. Su padre, descubierto, estuvo en un campo de concentración. En 1956 consiguieron huir de Hungría a Austria y de ahí a Estados Unidos, donde Grove llegó con 20 años dispuesto a comenzar una nueva vida. Fue conductor de autobús mientras estudiaba y allí conoció a su esposa, también refugiada del mismo origen que ejercía de camarera, con la que tuvo dos hijas.

Resulta complicado escoger una de sus frases. Las tenía para aburrir, muchas se agolpan en los libros de negocios e inspiración. Desde “solo los paranoicos sobreviven”, en referencia a una infancia marcada por el Holocausto, a “el éxito alimenta la complacencia. La complacencia alimenta el fracaso”. Máximas que aplicó a los negocios hasta casi estrangular a su competencia. Intel pasó de contar con unos ingresos de 1.900 millones de dólares (unos 1.690 millones de euros) a 26.000 millones de dólares (23.000 millones de euros) anuales. En 1981, molesto con el escaso rendimiento que, en su opinión, tenía la firma, hizo que todos los empleados trabajasen dos horas más sin cobrar extra. De su mente salió la campaña de la generación 586, los populares Pentium, su melodía y la pegatina Intel Inside que se ponía en la carcasa de los ordenadores.

En 1997 la revista Time le escogió como persona del año. Preocupado por los avances tecnológicos, a los medios les dio un consejo para adaptarse a Internet y buscar su propio lenguaje: “La tecnología está ahí. No es buena o mala. ¿Es bueno o malo el acero? Por ejemplo, cuando llegó la televisión por primera vez, la gente intentaba verla como una radio con imágenes. Estamos ahora en la etapa en la que Internet es una televisión con conexiones de escasa potencia”.

Intel ha sido la encargada de difundir la noticia de su muerte. Brian Krzanich, su actual consejero delegado, ha sido el primero en mostrar sus condolencias. De inmediato se ha sumado su homólogo en Apple, Tim Cook: “Andy Grove ha sido uno de los grandes del mundo de la tecnología. Amaba nuestro país y personalizaba lo mejor de América. Descanse en paz”.

Bill Gates, otra leyenda de la informática, le ha despedido también a través de Twitter: “Me entristece enterarme de que Andy Grove ha muerto. Me encantaba trabajar con él. Ha sido uno de los grandes líderes del mundo de los negocios en el siglo XX”.