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ANÁLISIS

¿Fue el colapso en el Metro de Madrid un “fallo informático”?

Empresas y organismos públicos suelen culpar a la tecnología de errores cometidos, a menudo, por los usuarios

Viajeros en el Metro de Madrid, en una imagen de archivo.
Viajeros en el Metro de Madrid, en una imagen de archivo.

El pasado 31 de marzo, EL PAÍS publicaba una noticia sobre un simulacro fallido en el Metro de Madrid. Como se puede ver en la imagen, la empresa anunciaba en su cuenta oficial de Twitter que el problema era el conocido como “error informático”.

Justo al día siguiente, era noticia la inoperatividad de la web de un famoso banco online, con el consabido término.

Una búsqueda en Google Noticias proporciona 25.400 titulares con el término “fallo informático”, y el buscador global arroja 85.300 resultados. Pero, ¿qué se esconde detrás de un concepto tan genérico? En 2013, Alex Grijelmo escribía El fallo informático, o el fallo del informático, que precisamente ponía el acento sobre el error humano, en este caso del técnico informático. ¿Pero siempre es error del “informático”? ¿Cuántas veces el error es del usuario del sistema?

Durante los más de 30 años que llevo en esta profesión, he visto cómo los medios encumbraban otras actividades como si fueran los trabajos más apasionantes que uno puede ejercer. Series y películas sobre abogados, periodistas o forenses, por no hablar de médicos y policías; hasta los astrofísicos son capaces de parecer adorables dentro de su extravagancia.

Y, sin embargo, si hay una profesión que ha sido maltratada es la del informático. Los informáticos (casi siempre programadores o hackers) son, con suerte, el tonto de la película. Sin suerte, directamente el malo. Y con frecuencia, las dos cosas. Un tipo gordo, sudoroso y torpón, con nulas habilidades sociales y una pobre higiene corporal. ¿Han visto ustedes Parque Jurásico? Nada más que añadir.

Pero el maltrato no se limita a la ficción: la informática es la cabeza de turco por excelencia. Un rápido sondeo en su buscador favorito le mostrará que un “error informático” ha sido la causa de la aparición de insultos racistas en un acta arbitral, de una tasa extraordinaria en su factura del agua e incluso de que el impuesto de circulación sea más alto de lo debido en un pueblo de Valencia. Eso sin contar chistes y chascarrillos.

Achacar estos deslices a un fallo técnico no es más que una forma de escurrir el bulto. Echémosle la culpa al ordenador, que ni siente ni padece, y listo

Con semejantes antecedentes es lógico que esta ingeniería no caiga simpática, pero ¿es culpa suya? Si profundizamos en estas noticias, vemos que la Informática no trabajaba sola: tuvo cómplices. Un error de transcripción, una mala utilización del programa o pulsar el botón que hace que el sistema de emergencia se active no es, en ningún caso, un error informático. Es humano. Achacar estos deslices a un fallo técnico no es más que una forma de escurrir el bulto. Echémosle la culpa al ordenador, que ni siente ni padece, y listo.

Y así se perjudica una de las profesiones más demandadas por la sociedad. ¿Por qué unos estudios con casi el 100% de inserción laboral no son también de los más solicitados? Porque el estigma persiste: no todo el mundo quiere que lo identifiquen con la imagen de friki repelente con camiseta negra. ¿Y qué decir de las mujeres, que ni se plantean estudiar Ingeniería Informática? Es difícil sobreponerse a los designios de una sociedad que ha determinado que la Informática es la antítesis de la feminidad. Jóvenes estudiantes que durante la educación secundaria destacan en ciencias, al final se decantan por carreras relacionadas con ciencias de la salud, consideradas más distinguidas que las ingenierías. De esta forma, brillantes profesionales en potencia terminan dedicándose a otras materias en las que sin duda destacarán, pero los habremos perdido como tecnólogos, que es justo lo que necesitamos.

Pero volvamos al principio: ¿error informático? En estos momentos, casi todas las actividades humanas dependen de los llamados "sistemas de información", formados normalmente por un conjunto de programas y bases de datos, a los que solemos denominar software y que se ejecutan sobre un determinado hardware (ordenador, tableta o móvil). El punto crítico de esta simbiosis es justamente el software. Los profesionales de la Ingeniería del software son conscientes de la necesidad de un diseño e implementación de los programas que sean robusto a fallos y se ha avanzado muchísimo en los últimos años. En el momento que usted está leyendo estas palabras existen millones de sistemas software ejecutándose: todas las páginas web, los automóviles que están circulando, los aviones que están en el aire, los quirófanos y las UVIs de todos los hospitales, los sistemas de comunicaciones, las redes eléctricas y de gas, los bancos, la investigación en todas las ramas del conocimiento y casi cualquier proceso productivo depende de lo que comúnmente llamamos Informática. La tasa de error de estos sistemas es muy baja y casi nunca crítica.

A pesar de esta omnipresencia y de su importancia para el desarrollo de un nuevo sistema productivo pensamos que la opinión pública sigue viendo la informática como un mal necesario al que se le puede culpar de todos los errores humanos. Sin embargo, desde Sistedes queremos lanzar un mensaje positivo, sobre todo a los alumnos, y especialmente alumnas, de Secundaria y Bachillerato. El trabajo del ingeniero o ingeniera informático es especialmente atractivo: bajo su responsabilidad se tiene la oportunidad de resolver problemas reales y de hacer avanzar la sociedad como prácticamente ninguna otra profesión puede hacer hoy en día.

La ingeniería informática es una profesión prácticamente sin paro, que permite a nuestros egresados y egresadas trabajar en cualquier área del saber humano: reducir los problemas de la ingeniería convencional, ayudar a resolver retos científicos, mejorar la producción de alimentos, encontrar tratamientos para enfermedades, y muchas más, a pesar de algún “error informático”.

José Cristóbal Riquelme Santos. Catedrático de Universidad, Departamento de Lenguajes y Sistemas Informáticos. Universidad de Sevilla.

Crónicas del Intangible es un espacio de divulgación sobre las ciencias de la computación, coordinado por la sociedad académica SISTEDES (Sociedad de Ingeniería de Software y de Tecnologías de Desarrollo de Software). El intangible es la parte no material de los sistemas informáticos (es decir, el software), y aquí se relatan su historia y su devenir. Los autores son profesores de las universidades españolas, coordinados por Ricardo Peña Marí (catedrático de la Universidad Complutense de Madrid) y Macario Polo Usaola (profesor titular de la Universidad de Castilla-La Mancha).