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La nueva tendencia tecnológica se llama ‘movimiento maker’

Google dedica su quinto evento anual TrendSpain a la fabricación de objetos tecnológicos

Tres de los ponentes de la jornada. De izquierda a derecha: César García, Pablo Murga y Alejandro Escario. Ampliar foto
Tres de los ponentes de la jornada. De izquierda a derecha: César García, Pablo Murga y Alejandro Escario.

El movimiento maker es la última tendencia en el mundo de la tecnología. Así lo piensa Google y por ese motivo le ha dedicado su quinto evento anual TrendSpain, celebrado hoy en el Campus Madrid, el edificio con el que cuenta la compañía en la capital española. El movimiento consiste en crear objetos de forma artesanal pero utilizando la tecnología o técnicas tecnológicas como la impresión 3D, la robótica, el corte con láser o la fresadora. Las herramientas son muy variadas. Algo que muestra el auge de este fenómeno es la rápida multiplicación en todo el mundo de espacios en los que llevar a cabo este tipo de proyectos a modo de laboratorios. Se llaman FabLabs y cada 18 meses se duplica el número de estos espacios en todo el mundo, según César García, uno de los ponentes de la jornada.

En los espacios de trabajo todo el mundo es bienvenido incluso aunque no sepa nada de tecnología

“Internet nos ha convertido a todos en creadores de contenidos”, ha señalado García al comienzo de su exposición. “El siguiente paso es hacer cosas tangibles. Aparatos tecnológicos”, explicó. García es ingeniero técnico de sistemas y cofundador de Makespace Madrid, una red de espacios de trabajo en la comunidad. En estos talleres de trabajo, todo el mundo es bienvenido incluso aunque no sepa nada de tecnología. “Solo hay que tener ganas de aprender y de experimentar”, explica García. Según el ingeniero, todo el mundo puede ser maker. El mecanismo de los talleres es muy sencillo. “Uno te enseña una cosa y tú enseñas otra”, cuenta García. Y el ingeniero asegura que hay proyectos de todo tipo, desde cosas básicas hasta otras más sofisticadas. “Se trata de producir cosas tangibles de forma abierta y compartida”, afirma.

Esta característica de compartir conocimientos ha hecho que en los laboratorios se junten todo tipo de perfiles. “En Makespace teníamos a un conductor de tanques y a un artista jubilado que quería hacer arte conceptual. ¡Y trabajaban juntos!”, explica García. Sus talleres no son los únicos. Existe un mapa donde se muestran todos los que hay repartidos por el mundo. “Lo de fabricar cosas es un fenómeno que ha trascendido y ha llegado a sitios que ni sospechábamos”, afirma el ingeniero. García explica que Obama ha señalado en el calendario una semana nacional del making. “Y en España, de aquí a que acabe el año, habrá seis ferias y los fans hablan del otoño maker”, cuenta García.

El fenómeno maker hay quien lo entiende como un hobby y quien lo ve como una oportunidad de negocio

El fenómeno maker hay quien lo entiende como un hobby y quien lo ve como una oportunidad de negocio. García señala que existe una tensión entre ambas visiones y que no se ha resuelto. “Hay que diseñar los itinerarios para convertir el hobby en una profesión y al revés”, asegura el experto. Una de las propuestas expuestas en la jornada para solucionar este problema es la educación. “Necesitamos una buena oferta educativa que huya de los sistemas tradicionales”, explica Juan Freire, el fundador de XTribe, una empresa que espera dotar de formación oficial a los fans del movimiento maker.

“La sociedad está reclamando otras formaciones y nosotros estamos trabajando para dárselo”, explica Freire. Él y su equipo prevén organizar un máster que quieren empezar a impartir en enero e incluso sueñan con poner en marcha un grado universitario. Aunque Freire todavía está negociando con varias universidades, explica que hay mucho interés porque los alumnos reclaman nuevos modelos de aprendizaje. Su objetivo es trabajar conjuntamente con alguna universidad, pero de forma independiente, con nuevos métodos y en nuevos espacios.

“Hemos aceptado que la educación parte de las instituciones. Pero la educación no tiene porqué depender de un aula”, explica. Su método se basa en la práctica y ellos entienden el emprendimiento como una herramienta de aprendizaje en sí misma. “Nosotros somos una empresa que busca romper el modelo educativo actual”, cuenta Freire. Su perfil no es académico, es práctico. Los profesores son expertos en algo, no docentes.

Hay un nuevo perfil de estudiantes que está demandando una nueva forma de aprender. Y esos estudiantes son los mismos que luego van a los laboratorios de trabajo tecnológico

Freire explica que ahora mismo hay un nuevo perfil de estudiantes, con inquietudes, que está demandando una nueva forma de aprender. Y esos estudiantes son los mismos que luego van a los laboratorios de trabajo tecnológico. “Buscan aprender experimentando, probando cosas, practicando”, cuenta Freire. Y Freire asegura que cada vez es más frecuente ver que los padres de estos chicos les apoyan. “Porque no piensan solo en el título, sino que se centran en el conocimiento que adquieren durante el aprendizaje”, asegura Freire.

Alejandro Escario, de 26 años, muestra en el encuentro su propio proyecto maker. Cuando Escario terminó la carrera, una doble ingeniería en informática y telecomunicaciones, encontró trabajo en un banco, pero no era feliz. Escario decidió estudiar un máster de ingeniería biomédica a la vez que hacía un curso de fabricación tecnológica. Con los conocimientos aprendidos, tanto en el máster como en el curso, Escario ha creado una incubadora con materiales de bajo coste para países con pocos recursos, como Sierra Leona o Benín, en África. Una incubadora cuesta entre 6.000 y 60.000 euros. La que ha diseñado Escario, menos de 300. Se puede construir con fresadoras CNC e impresión 3D. Los planos para realizarla están, además, disponibles libremente en Internet. Por este invento, ha recibido el premio Best Medical Project de los Global Fab Awards, que organiza el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). El objetivo de su proyecto es ofrecer el diseño para que cualquiera pueda fabricarla de forma sencilla, con materiales baratos y con un diseño modular. “Así, si una pieza se rompe, se puede sustituir de manera rápida y sencilla”, explica.

Escario ha creado una incubadora con materiales de bajo coste para países con pocos recursos, como Sierra Leona o Benín, en África

Escario compagina la puesta en marcha de este proyecto maker con su trabajo como ingeniero biomédico. “Siempre digo que soy un médico frustrado, pero si fuese médico, diría que soy un ingeniero frustrado”. Para él, la incubadora es la mejor forma de compaginar sus dos pasiones aunque de momento, asegura que le cuesta dinero. “Estamos buscando inversores, pero no queremos que se desvirtúe el concepto voluntariado”, admite. Escario asegura que no se trata de vender a los países pobres incubadoras baratas, sino de enseñarles a fabricarlas a bajo coste.

Este creador invita a todos los que sientan curiosidad a animarse con la fabricación de objetos tecnológicos. “Cuando yo hice el curso de fabricación, me pareció espectacular la cantidad de posibilidades que se abrieron ante mí”. García matiza que no hace falta hacer grandes proyectos. “Todo esto tiene mucho que ver con la expresión personal. Se trata de crear algo que siempre hayas querido que exista”, apunta García. “Y cada paso que das, te motiva para dar los siguientes tres”, concluye Escario.

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