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¿De verdad funcionan las pulseras de actividad diaria?

Dos estudios afirman que su uso es irrelevante para realizar mayor ejercicio físico

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Pixabay

Que el deporte es bueno para la salud es algo sabido. Además, si nuestro ejercicio físico es monitorizado por pulseras de actividad y se incluye una recompensa económica, nos incentiva (o eso creemos) aún más. Sin embargo, dos estudios publicados en los últimos días aclaran que el uso de estas pulseras es irrelevante y no se traduce en beneficio para nuestra salud.

La primera investigación, publicada por la revista The Lancet Diabetes & Endocrinology, ha durado un año y han participado 800 personas de entre 21 y 65 años de empresas de Singapur. Los científicos diferenciaron entre cuatro grupos: el primero servía como “grupo de control” al que no se le dio ningún instrumento frente a los otros tres que sí recibieron una pulsera, de la marca Fitbit. La diferencia radicaba en que el grupo tres y cuatro obtenían dinero, pero este debía destinarlo a una obra de caridad de su preferencia.

En total, el segundo grupo recorrió 8.550 pasos diarios, el tercero que recibía el dinero caminó 11.010 pasos y el cuarto grupo registró 9.280 pasos diariamente.

Ninguno de los 800 participantes tuvo que hacer un esfuerzo físico extra, sino “lo que ellos querían, lo que ellos considerasen”, afirma el jefe de la investigación, Eric Finkelstein, de la Escuela Médica Duke-NUS de Singapur. Destaca que “la actividad física aumentó en los participantes en 16 minutos por semana aunque el uso de la pulsera no propició que los voluntarios bajaran de peso o mejoraran su presión sanguínea”.

El uso de la pulsera no ayudó a que los voluntarios bajaran de peso o mejoraran su presión sanguínea

Durante los primeros seis meses todos los grupos recibieron un incentivo económico si caminaban una determinada cantidad de pasos (entre 50.000 y 70.000), excepto el primer grupo, de contro’, que solo se le proporcionó información sobre la actividad física. Los seis meses posteriores, los voluntarios podían elegir si seguir usando la pulsera, pero sin aliciente económico. Alrededor del 40% de los participantes abandonó el estudio en los seis primeros meses del año y solo un 10% continuó hasta el final.

Los participantes del grupo tres que disponía de la pulsera y de la compensación económica para ellos mismos caminaron mucho más durante los seis meses pagos. Luego, su actividad física disminuyó. Ante esto, el profesor Finkelstein sostiene que “cualquier estrategia para motivar debería ser durante un largo periodo de tiempo para generar mejoras notables y beneficios para la salud”.

En obesos

El segundo estudio que analiza la efectividad de las pulseras ha sido publicado en la revista JAMA (The Journal of The American Medical Association, por sus siglas en inglés) y aclara que el uso de estas pulseras es ineficaz para perder peso.

Los analógicos perdieron casi 6 kilos. Los participantes tecnológicos solo perdieron 3,5 kilos

El estudio, que ha durado dos años y en el que han participado 470 personas de entre 18 y 35 años con problemas de obesidad, determina que el hecho de usar herramientas que controlan nuestra actividad no supone un estímulo para adelgazar.

Los científicos estadounidenses diferenciaron entre dos grupos, el analógico y el tecnológico. A cada persona se le asignó una dieta calórica dependiendo de su altura y peso. A partir del sexto mes, el primer grupo debía registrar todas sus actividades físicas y la dieta en una libreta, mientras que los tecnológicos contaron con la ayuda de estas pulseras de seguimiento. Para ambos conjuntos se estableció una rutina de ejercicio: 100 minutos por semana y luego un aumento progresivo hasta llegar a las cuatro veces por semana, con un total de 300 minutos.

Los analógicos llegaron al estudio con un peso de 95,2 kilogramos y acabaron con 89,3 lo que supone una pérdida de casi 6 kilos. Los participantes tecnológicos comenzaron el estudio con un peso medio de 96,3 kilos y finalizaron con 92,8. Es decir, tras dos años de experimento solo perdieron 3,5 kilos.

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