Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Clases de sable láser para aspirantes a Jedi

La fiebre de Star Wars llega a łos gimnasios de Silicon Valley

Los instructores posando con su sable láser.
Los instructores posando con su sable láser.

Sentirse como un padawan (aprendiz) nada más tomar el sable láser en la mano y salir con la sensación de estar ante un concepto de arte marcial de nuevo cuño muy elaborado. Studiomix, un gimnasio de San Francisco, ofreció, a modo de prueba, dos clases de manejo de la herramienta de los caballeros, ya sean Jedi o Sith de Star Wars. La aceptación, más que notable, las ha convertido en una actividad más para los sábados por la mañana. Si todo va bien, en verano se podrán ver los progresos en competición o exhibiciones.

Daniele Maggi (Milán, 1977) es el embajador de esta nueva modalidad lúdico deportiva que tienen su origen en Italia, pero sabe que en ningún lugar del mundo se le recibirá con el mismo cariño que en San Francisco: “Aquí se nos aprecia mucho. Al fin y al cabo es dónde empezó todo”. No le falta razón. Lucasarts, la factoría de George Lucas, el padre de la franquicia estelar hoy en manos de Disney, está en el Presidio, donde estuvo el fortín español al comienzo de la ciudad. La empuñadura del sable láser, según algunas teorías, se inspira en la forma de la Coit Tower. En Oakland, en la otra orilla de la Bahía, se enorgullecen por tener unas grúas que sirvieron de base para los AT-TE, unos vehículos populares en las primeras entregas de la saga.

Según Maggi todo comenzó con un regalo en diciembre de 2008 para un amigo, que quería un sable. Empezó a practicar y terminó por dejar su empleo para hacer de esta afición su forma de vida.

San Francisco no es el único lugar donde ofrecen clases, también amplían la oferta a San Mateo, San José, y la muy alternativa Oakland, todas comprendidas dentro de Silicon Valley. “Vienen desde CEOs a nerds, cocineros, programadores, artistas… todo tipo de gente. Quieren divertirse y, de vez en cuando, algunos quieren ir un poquito más al límite y subir la intensidad”, aclara.

“Muchos se ríen de nosotros, pero no entienden que es algo lúdico, para salir de la realidad”

La clase, de una hora, aunque lo habitual suelen ser dos, contó con el maestro italiano y dos asistentes más. “Muchos se ríen de nosotros, pero no entienden que es algo lúdico, para salir de la realidad. Lo bueno es que encuentras a otras personas que comparten tu misma pasión y se generan vínculos más allá de las clases”, reconoce.

Al entrar en la sala, cada participante recoge su sable, muy parecido a los de las películas, pero con una empuñadura adaptada en la que se esconde una clavija USB por la que se carga.

Hay que escoger bien el sable.
Hay que escoger bien el sable.

A pesar del pasado ancestral y heroico de los caballeros que inspiran la clase, hay que calentar como cualquier mortal. Unas vueltecitas por la tarima, salto lateral, estiramientos y… primera dificultad. ¡Hay que aprender a encender el sable! Hay que seguir una sucesión de gestos, como una cadena, para activarlo. Lo siguiente, saber apagarlo, más sencillo.

Ludosport, empresa que ha creado esta modalidad de ejercicio, es la misma que fabrican tanto los sables como el atuendo, que recuerda tanto a los de las películas como a los de los karatekas, una mezcla entre túnica y kimono.

Salvo error de alguna de las partes, es imposible salir herido. El resultado es más parecido a una coreografía, donde prima la coordinación, que una lucha

Tras aprender los movimientos básicos de muñeca y brazo para hacer girar el sable en la mano, toca coordinación. Cadenas de movimientos simulando defensa. A continuación, por parejas, simular un ataque con hasta tres modalidades distintas.

Salvo error de alguna de las partes, es imposible salir herido. El resultado es más parecido a una coreografía, donde prima la coordinación, que una lucha.

¿Es cansado? La clase de iniciación, no. Según el Apple Watch apenas quemamos 300 calorías, pero también es verdad que recomiendan sesiones de dos horas y que se empleó más tiempo en aprender lo básico que en poder profundizar en ello.

Maggi, al que la fuerza le acompañe por siempre jamás, insiste en tres valores constantes: “Servicio, cuidado y respeto”.

Más información