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Un plataforma abierta de innovación para redistribuir la prosperidad

La iniciativa SOLVE del MIT selecciona las mejores soluciones en educación, salud y medioambiente

Conferencia de la iniciativa SOLVE en Naciones Unidas
Conferencia de la iniciativa SOLVE en Naciones Unidas

Alex Amouyel es optimista. “Sí, podemos afrontar retos globales como la crisis de los refugiados, el cambio climático y las enfermedades crónicas”, asegura la directora ejecutiva del movimiento SOLVE, del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts. Pero admite que para dar respuesta a estos problemas es necesario movilizar las mentes más brillantes del mundo y combinar sus ideas para crear una colación global que permita distribuir mejor la prosperidad.

Con este propósito, se celebró en las Naciones Unidas un evento en el que participaron 40 equipos de todo el mundo en el que presentaron sus soluciones a estos tres problemas. Fueron elegidos de entre 386 iniciativas llegadas de 57 países. “El ingenio y el talento están por todos lados”, cometa Cristina Gallach, secretaria general adjunta a cargo del Departamento de Información Pública del organismo.

El evento se estructuró en tres rondas de presentaciones en las que los diferentes equipos expusieron los méritos de proyectos originales para solucionar problemas sociales acuciantes. La educación y el aprendizaje, como indica Admir Masic, profesor de desarrollo del MIT, “puede cambiar la vida de los refugiados”. Este tipo de iniciativas, explica, “les permiten saber que no están solos y que pueden prosperar”.

La tecnología, como enfatiza Amouyel, es un instrumento que ayuda a afrontar retos en el ámbito de la educación, de la lucha contra el cambio climático y la salud. “Pero no es suficiente”, comenta. Los grandes cambios tecnológicos deben servir para forzar a los innovadores a ir más allá a la hora de buscar nuevas aplicaciones en la vida real, para que se pongan al servicio de la mayoría y de los más vulnerables.

Los finalistas tuvieron tres minutos para presentar sus propuestas innovadoras y se sometieron después a las preguntas de un jurado, para defenderlas. El grupo de finalistas quedó reducido a una quincena de equipos que tendrán el privilegio de participar en mayo en otro evento que se celebrará en el MIT para darles escala. Como señala Gallach, esta asociación es importante para afrontar retos muy serios.

El propósito, como explica Amouyel, es crear a partir de aquí una comunidad integrada por actores del sector tecnológico, investigadores, empresarios, agentes sociales y políticos que estos proyectos pasen de ser una simple idea y se puedan aplicar en la vida real en los ámbitos de la educación, la salud, la energía y oportunidades económicas. Esos son los cuatro pilares sobre los que se sustenta la iniciativa del MIT.

El horizonte temporal lo ponen en el año 2050. El objetivo es conseguir reducir a la mitad las emisiones de carbono para esa fecha y garantizar que cualquier persona que quiera aprender tenga acceso a una educación de calidad. La innovación también debería permitir que la atención médica sea algo universal en cuatro décadas. Son metas recogidas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

“Apoyar estos objetivos no es caridad”, señala Amina Mohammed, vicesecretaria general de la ONU, “es una inversión”. El reloj para lograr las metas que se fijaron hace año y medio los gobiernos para erradicar la pobreza y proteger al planeta ya está descontando. “Necesitamos pensar de una forma innovadora”, indica, “y por eso hay que buscarla en las universidades, casa de nuestros jóvenes”.