Selecciona Edición
Iniciar sesión

La economía de las aplicaciones crece un 62%

Los ingresos del sector se duplicarán en dos años. El uso de las ‘apps’ le está quitando tiempo de ocio a la televisión y a navegar por Internet

Cada minuto 118 millones de mensajes, cada hora 708 millones, cada día 17.000 millones. Si WhatsApp cobrara por cada uno de ellos como con los SMS, Jan Koum y Brian Acton, sus creadores, serían los hombres más ricos del mundo y su empresa la más lucrativa. Pero más que una empresa es una aplicación convertida en empresa benefactora pues, de momento, no reparte beneficios.

WhatsApp es un buen ejemplo no solo de la economía de Internet (primero conseguir una masa de consumidores fieles, luego cobrarles un poquito) sino también de la economía de las aplicaciones que, si cabe, han llevado al extremo los vicios y virtudes de la era dorada de las puntocom.

Esta economía apenas ha cumplido los cinco años de edad, pero en las tiendas de Apple se pueden encontrar 800.000 aplicaciones y en la de Google Play otras 700.000, a las que habría que sumar las de Microsoft, Amazon y Blackberry... hasta 11 plataformas y 24 tiendas independientes. En total 2,4 millones de aplis, según la asociación CTIA.

Prácticamente el 65% son gratuitas. Pese a ello, según la consultora Gartner este año, la economía de las aplicaciones generará 19.000 millones de euros, un 62% más que el año anterior, pero solo la mitad de lo que recaudará en 2015.

Pero por cada aplicación exitosa como WhatsApp o Instagram (comprada por Facebook por 765 millones de euros) hay decenas de miles que mueren con la misma rapidez y anonimato con que nacieron.

El consumidor del teléfono es tan cambiante como su misma movilidad. Según la misma fuente, el 63% de las aplicaciones que tenemos hoy en el móvil nada tienen que ver con las que teníamos el año pasado. Frente a las básicas (Facebok, Twitter...), el resto es muy volátil, entre ellas las de los juegos, que han popularizado la economía de la gamificación (animar a la actividad con premios) y del freemium, que consiste en la descarga gratuita para después cobrar por micropagos o servicios extras. Es gratis, por ejemplo, descargarse un pulsómetro, pero si se quiere tener gráficas del histórico, hay que pagar. De media unos 2,5 euros.

Según una encuesta de GigaOM realizada el pasado año entre desarrolladores de aplicaciones, la media de los ingresos es de 38.000 euros anuales. Solo un 12% gana más de 80.000 y el 65% menos de 28.000. El 40% trabaja solo en casa.

La economía de la aplicación canibaliza a otras. Los navegadores de Internet se usan menos, porque el consumidor cada vez con más frecuencia, salta de app en app; pero también resta tiempo a otras actividades. Según Flurry Analytics, el tiempo que se pasa con las aplicaciones, más de dos horas al día, se va acercando al que se pasa ante el televisor. La principal causa de ello es el juego, que casi se hace con la mitad (43%) de todo el tiempo que se pasa con las aplicaciones (26% son de redes sociales, 10% en otros entretenimientos y el 2% en noticias).

En cinco años, la economía de la aplicación ha creado en estados Unidos 510.000 puestos de trabajo, según CTIA, asociación de tecnologías sin hilos. En cinco Estados (California, Washington, Texas, Nueva York y Masachusets) su impacto anual supera los 10.000 millones.

Pero para ver la importancia de la economía de la aplicación solo hace falta recordar a Angry birds. Tres años después, el juego cuenta con parques temáticos en varias partes del mundo, tiene tarjetas de prepago y su empresa Rovio saldrá a bolsa. Todo empezó con una aplicación gratuita.